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domingo, 8 de diciembre de 2024

Los 10 pensadores más influyentes del mundo

 Los 10 pensadores más relevantes del momento presente

Sus ideas, su obra y sus intervenciones en el debate público han determinado el pulso del pensamiento contemporáneo. Nos ayudan a entender qué está pasando, qué podría pasar y qué debería pasar. Son los grandes visionarios de este arranque del siglo XXI

ILUSTRACIONES: LUIS GRAÑENA


Ideas

Vivimos tiempos de gran incertidumbre. Necesitamos, más que nunca, faros, mentes preclaras que nos guíen a la hora de entender qué ocurre en el mundo y, sobre todo, por qué. Por eso hemos decidido celebrar el número 500 de Ideas, el espacio de EL PAÍS para la reflexión, con un panorama de los pensadores más relevantes del momento presente. 56 personas (filósofos, historiadores, politólogos, tecnólogos, etcétera) nos han ayudado a configurar una lista con los intelectuales cuya visión ya está dejando huella. Son estos:

1. Judith Butler 

Cleveland (EE UU), 1956. Filósofa que ha cuestionado las ideas tradicionales de género y que ha hecho importantes aportaciones a la teoría queer en obras como El género en disputa (1990) y su libro más reciente, ¿Quién teme al género? (2024, ambos en Paidós).

A 451 grados Fahrenheit arden los libros según Bradbury. En un mundo en el que tal cosa fuera posible los de Butler serían los primeros en ser arrojados al fuego. Muchos también se salvarían, escondidos como último reducto de lucha, bajo una baldosa. En 2017 la ultraderecha en Brasil recogió 370.000 firmas para evitar su visita y quemaron una imagen suya. ¿Imaginan qué mensaje tan potente, aunque distorsionado, puede llegar a movilizar tantas fobias y filias? Lo que escribe remueve, mueve o conmueve. Al primer grupo pertenecen El género en disputa (1990), Cuerpos que importan (1993) o ¿Quién teme al género? (2024); al segundo, Mecanismos psíquicos del poder (1997), y al tercero, El grito de Antígona (2000).


De formación hegeliana, con impronta del psicoanálisis e interés en la lingüística, recupera una preocupación según la cual no hay esencias prístinas, sino sujetos que dependen en su desarrollo de dinámicas en las que se inscriben. Existen normas que producimos y reproducimos y que, aunque generan la ficción de una “esencia”, performativamente nos construyen. Parte de su obra quiere entender los efectos del género como parte de una estructura de poder, no porque sea una mera construcción cultural, sino porque se asienta en algo más profundo asociado a nuestro psiquismo. Se entiende como un sistema de organización de las normas que nos constituyen en las instituciones e instancias sociales. Trabaja en otras consecuencias del poder de lo normativo: las vidas no reconocidas como tales o el rechazo a familias no normativas. Piensa la vida atravesada por el poder, donde asoma el estigma, la precariedad o la violencia.

Por Ana Carrasco-Conde:  (Ciudad Real, 1979). Filósofa y autora de La muerte en común (2024, Paidós). Ha escrito el prólogo a la reedición de El clamor de Antígona, de Judith Butler (Machado Libros).

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2. Thomas Piketty

Nacido en Clichy (Francia) en 1971, este economista ha centrado su trabajo en la desigualdad y la redistribución de la renta en el capitalismo actual. Su libro clave es El capital en el siglo XXI (2013, Deusto)

La desigualdad es una construcción social e histórica, una decisión de naturaleza política que solo puede ser combatida con decisiones igualmente políticas. Este es, considero, el gran legado de Thomas Piketty, su principal aportación al pensamiento contemporáneo. El economista francés no es el primero en denunciar el carácter contingente de la desigualdad, por supuesto, pero ha sido capaz de difundir ampliamente sus planteamientos y mostrar la economía como una ciencia social imbricada en la historia y la sociología, alejada de la autorreferencialidad y matematicismo de antaño.


El capital en el siglo XXI, el mastodóntico libro que lo llevó a la fama, demostró una formidable capacidad de llevar lo heterodoxo al mainstream, de sustentar empíricamente ideas transformadoras. Años después, en Capital e ideología, Piketty logró ir más allá de su propia innovación metodológica, apuntando la centralidad de la ideología en la perpetuación de las desigualdades y señalando la responsabilidad de las élites en la erosión de nuestras democracias. En otros libros e informes, se ha volcado en demostrar la necesidad de una revolución fiscal global que aborde, desde la justicia social y climática, la emergencia ecológica, el principal desafío de nuestra época.


Hoy, en pleno shock tras el retorno del trumpismo, cobra especial relevancia su afirmación de que “uno no puede estar en contra del capitalismo o del neoliberalismo: uno debe estar también y sobre todo a favor de otra cosa”. Haríamos bien, pues, en sumergirnos en la batalla de las ideas, en comprender la relevancia y valor de intelectuales públicos como Thomas Piketty, en aplaudir y acompañar sus esfuerzos por construir una “alternativa explicada con claridad”; una nueva forma de socialismo “participativo y descentralizado, federal y democrático, ecológico, multirracial y feminista”, como él mismo dice; un horizonte de certidumbre hacia el que avanzar, poco a poco, paso a paso, desde la permanente tensión entre la ambición de nuestros principios y el pragmatismo de la praxis.


Por Yolanda Díaz:  (Fene, A Coruña, 1971). Ministra de Trabajo y Economía Social, y vicepresidenta segunda del Gobierno. Es fundadora de Sumar.

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3. Noam Chomsky

Filadelfia (Estados Unidos), 1928. No solo revolucionó la lingüística, sino que también es una de las figuras políticas más relevantes por su crítica al capitalismo y a la política estadounidense en artículos y libros como Los guardianes de la libertad (1988, Austral).

En la película Captain Fantastic (2016), la familia protagonista —una especie de tribu anarquista contracultural— no celebra la Navidad sino que conmemora el Día de Noam Chomsky. La escena es absurda y excesiva pero capta bien el papel que Chomsky ha llegado a desempeñar en nuestra esfera pública. Chomsky representa todo lo que la modernidad imaginó en un intelectual y que en la era de la posverdad nos parece propio de una época salvaje y heroica: un científico que revolucionó su campo de estudio, autor de ensayos políticos de un rigor implacable y, al mismo tiempo, un referente ético global cuya rabiosa independencia nunca se ha confundido con indiferencia o equidistancia. A menudo ha sido acusado —desde Michel Foucault hasta Slavoj Žižek— de ser culturalmente conservador. Seguramente es verdad: tan conservador como esperamos que sea un pilar de hormigón armado.


Antes de cumplir los 30 años, Noam Chomsky ya había hecho saltar por los aires la lingüística de su tiempo. No ha dejado de ser una referencia irremplazable en el campo de las ciencias cognitivas: cambió nuestra manera de entender el lenguaje porque transformó nuestra concepción del innatismo que, gracias a él, dejamos de entender como un automatismo plano y se convirtió en la base de una teoría de la mente activa y vigorosa. Entretanto, ha encontrado tiempo para denunciar infatigablemente los ataques a la democracia en todo el mundo y desarrollar una teoría de los efectos catastróficos para la libertad de expresión de la coalición de intereses empresariales y políticos que dominan los medios de comunicación: una crítica que anticipó en varias décadas la degradación informativa que hoy padecemos.


Por César Rendueles: (Girona, 1975). Sociólogo, ensayista e investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Su último libro es Comuntopía (2024, Akal).

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4. Jürgen Habermas

Düsseldorf (Alemania), 1929. Ha analizado los mecanismos de los debates públicos y de la democracia en obras como Teoría de la acción comunicativa (1981).

Miembro de la segunda generación de la Escuela de Fráncfort, Jürgen Habermas se convierte pronto en un filósofo de referencia por sus libros sobre ética y filosofía política. De la mano de Karl-Otto Apel, elabora una nueva teoría de la racionalidad práctica conocida bajo el nombre de ética discursiva, ética del diálogo o ética de la comunicación. El objetivo es sustituir la filosofía del yo, característica de la modernidad, por una filosofía de la interacción lingüística que concibe la comunicación como el escenario en el que se despliega la discusión racional. Influyen en dicha teoría el método hermenéutico, con su énfasis en la interpretación del texto, y la pragmática del lenguaje de Wittgenstein, para quien los usos del lenguaje en sus distintos contextos son los determinantes del significado.


Cómo seguir haciendo filosofía después de Auschwitz es una de las preocupaciones de los filósofos frankfurtianos. Entienden que, sin renunciar a la especulación que la caracteriza, la filosofía tiene que ser crítica y aportar mecanismos de compromiso con la historia si pretende tener alguna influencia en la práctica. No será el individuo solitario de Kant quien descubra el imperativo de la moralidad, sino la comunidad que dialoga en esa “esfera común” constituida por seres que hablan con el fin de llegar a acuerdos racionales sobre temas que concitan opiniones dispares. La construcción de la opinión pública es otro de los temas que Habermas ha abordado y que ha concitado el interés no solo de los filósofos, sino de los profesionales de la comunicación. Ahora que el objetivo de adquirir “competencias” ha invadido el sistema educativo, convendría saber que la teoría de Habermas presupone una “competencia comunicativa”, una “situación ideal de diálogo”, a la que deberían tender todos los actos de comunicación reales y, como tales, imperfectos. Las reglas de interacción lingüística son morales, y legitiman los acuerdos a los que se llega por el diálogo, una lección que deberíamos recordar si queremos corregir la comunicación distorsionada, caótica y desnortada de nuestro tiempo.


Por Victoria Camps: (Barcelona, 1941). Es catedrática emérita de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona. Su último libro es Tiempo de cuidados (Arpa).

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5. Yuval Noah Harari

Ensayista nacido en Kiryat Atta, Israel (1976), ha explorado nuestra historia, nuestra sociedad y nuestro posible futuro en obras como Sapiens (2011) y la reciente Nexus (2024, Debate).

Con la posible excepción de sus estudiantes de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, nadie había oído hablar de Yuval Noah Harari hace 10 años. Fue entonces cuando su libro Sapiens: de animales a dioses se propagó por el mundo como fuego por la paja y le convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del planeta. Junto a un par de secuelas y una versión para niños, Sapiens ha vendido 45 millones de copias en 65 idiomas, un prodigio para un erudito ensayo de 500 páginas. Al menos desde que Sapiens se encaramó a la lista de superventas de The New York Times durante 96 semanas seguidas y Bill Gates lo aclamó como uno de sus libros favoritos, Harari se convirtió en una especie de oráculo de Delfos de las élites mundiales. Si el jefe de Meta (Facebook), Mark Zuckerberg, organiza una reunión sobre los efectos de la tecnología en la humanidad, invita a Harari. Si la Unesco quiere informarse sobre la pandemia de covid y la ciencia internacional, invita a Harari. No hay un solo medio de referencia en el mundo que no haya entrevistado a Harari varias veces.


Y sin embargo hay científicos que dudan del rigor académico del autor israelí. El mensaje central de Sapiens es que los humanos hemos llegado a dominar el mundo porque somos capaces de creer en cosas que no existen, como el dinero, los dioses, las naciones y los derechos humanos, porque esos relatos ficticios nos permiten formar grandes coaliciones. Sin duda es una idea atractiva, casi magnética, pero no está bien fundamentada en la ciencia actual. Pese a estas críticas académicas, el tecnopesimista Harari sigue siendo un autor muy interesante, y acaba de demostrar su buena forma con Nexus, una exploración profunda de las redes de comunicación y sus efectos dramáticos en las organizaciones humanas. Hay Harari para rato.


Por Javier Sampedro: (Madrid, 1960). Periodista y doctor en genética y biología molecular. Escribe sobre ciencia en EL PAÍS y es además autor de libros como El siglo de la ciencia: nuestro mundo al descubierto (2009, Península).

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6. Michael J. Sandel

Minneapolis (EE UU, 1953). Filósofo ético que ha escrito sobre cómo ha de ser nuestra democracia y que también ha criticado ideas preconcebidas sobre la meritocracia en libros como Justicia (2010, Debolsillo) y La tiranía del mérito (2020, Debate)

Hay dos causas que Michael J. Sandel identifica como la base del descontento democrático que se extiende como un virus entre los ciudadanos: la pérdida de dignidad en el trabajo y el vaciamiento de los espacios públicos de convivencia. Es en estos dos ámbitos donde la globalización y el neoliberalismo de las últimas décadas, aceptados como verdad inapelable incluso por líderes socialdemócratas como Clinton, Blair o Schroeder, han actuado como un ácido corrosivo. Reconozcamos, dice Sandel, que el trabajo no es sólo una manera de ganarse la vida: es también una vía de reconocimiento, de aportación al bien común, de sentirse respetado. Si ves caer tu salario y tu autoestima social, los políticos hipernacionalistas sabrán explotar esa frustración legítima para buscar chivos expiatorios. Porque el malestar es real, tan real como el aumento de la desigualdad, y algunos saben redirigirlo hacia posturas racistas, xenófobas o misóginas.


Hay antídotos, sugiere Sandel: como asumir que la democracia no necesita de una igualdad perfecta, pero sí que haya lugares de encuentro y de interacción donde aprendamos a negociar y a convivir con nuestras diferencias. Los guetos de los ricos y sus cachorros, su desinterés por esos espacios públicos de intercambio de ideas y experiencias, acaban pasando factura al sentimiento de comunidad y de pertenencia, y al compromiso por el bien común que es imprescindible para que las democracias prosperen.


Los libros de Sandel, sus charlas en auditorios abarrotados y sus cursos de Harvard, online y gratuitos, suman audiencias que hacen palidecer de envidia a los youtubers. Resulta que sí nos gusta leer, escuchar y debatir sobre justicia, ética, política y filosofía. En tiempos de polarización, no es un logro menor el de este aspirante a periodista reconvertido en uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo.


Por Montserrat Domínguez: (Madrid, 1963). Directora de contenidos de la Cadena Ser. Antes fue subdirectora de EL PAÍS, directora de El HuffPost y directora de A vivir que son dos días, en la Ser.

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7. Martha Nussbaum

Nacida en Nueva York (EE UU, 1947), esta filósofa ha escrito sobre valores políticos y ha defendido la importancia de las humanidades en libros como Crear capacidades (2012, Paidós).

Martha Nussbaum, profesora de Derecho y Ética en la Universidad de Chicago y premio Princesa de Asturias 2012, ha escrito sobre el pensamiento de los griegos y los romanos y lo que podemos aprender de él, sobre el feminismo y sobre la importancia de las emociones en política, sobre el enfoque de las capacidades, sobre la intolerancia religiosa y sobre los derechos de los animales.


Algunas de las cosas que subraya pueden parecer anodinas de pura sensatez, pero no eran populares en su momento. En La fragilidad del bien (1986) hablaba, a partir del estudio de la tragedia griega y de algunas obras filosóficas, de la vulnerabilidad y del desastre. Algunas preocupaciones humanas nos colocan en posiciones vulnerables (el amor implica el miedo a perderlo); como las cosas valiosas son plurales, establecen relaciones variables y conflictivas; esa fragilidad no es un bien en sí mismo ni algo romántico.


Otra aportación importante de Nussbaum es el desarrollo del “enfoque de las capacidades”. Si Amartya Sen había realizado un planteamiento económico del asunto, Nussbaum elaboró la versión filosófica. Ese enfoque considera que para valorar cómo hace las cosas un país, la medida correcta no son solo los indicadores económicos como el PIB per capita, sino “lo que la gente de verdad puede hacer y ser. Las capacidades no son solo destrezas, sino oportunidades sustantivas para elegir cosas que el individuo valora”. Nussbaum, que ha estudiado la influencia de las emociones y ha analizado la tradición cosmopolita, reivindica el valor moral de la nación y defiende un liberalismo de “corte socialdemócrata” y pluralista. El liberalismo, ha dicho en alguna ocasión, también necesita amor.


Por Daniel Gascón: (Zaragoza, 1981). Periodista y escritor. Tiene una columna semanal en EL PAÍS y dirige la edición española de la revista cultural Letras libres. Es autor de libros como La muerte del hipster (2021, Literatura Random House).

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8.  Slavoj Žižek

Nacido en Liubliana (Eslovenia) en 1949, este filósofo ha analizado la sociedad y la política con referencias al psicoanálisis y a la cultura pop.

Corrían los posmodernos años noventa, cuando un extraño filósofo que no era ni francés, ni italiano, ni alemán nos enseñó a pensar que la tolerancia podía ser peligrosa, la comida light poco saludable y el matrimonio un desafío frente al individualismo disfrazado de emancipación. Hablaba de cine, de Hegel y de Lacan. Haciendo crítica de la ideología, nos dio la bienvenida al desierto de lo real.


A Žižek no le ha dado miedo convertirse en un meme. No pretende ser dialogante, ni académico, ni biempensante. Entiende la filosofía como un acto de radicalidad incómodo e inadecuado que no puede contentar a nadie. Por eso dudo que sea una influencia de las izquierdas, si entendemos por izquierdas aquellas organizaciones que establecen un marco de lo posible en el espectro de la representación política. Su filosofía no puede sostenerse en el espacio de la representación: se abre a esa noche del mundo que nos habita. Su obra principal, El espinoso sujeto (Paidós), reivindica al sujeto trascendental frente a la historicidad de las subjetividades posmodernas. No se conforma con reducirlo todo al relativismo de las diferencias y de sus encuentros; nos invita a pensar la negatividad abismal que nos constituye. Sólo ahí podemos entender la potencia de la imaginación y la radicalidad de la revolución.


Nos enseñó a ver que la tolerancia era el problema, cuando el multiculturalismo, las dietas y la flexibilidad de todas las formas de vida eran la coartada para el triunfo del neoliberalismo. Hoy, este ha abrazado un autoritarismo que no necesita ser tolerante. El poder muestra su verdad más oscura y Žižek alerta de que ya es tarde para despertar. Esto no significa quedarnos dormidos, sino adentrarnos en la noche para volver a pensar lo no dicho de la historia de Europa, que no son la razón ni la revolución, sino la guerra.


Por Marina Garcés: (Barcelona, 1973). Filósofa, su último libro es El tiempo de la promesa (2023, Anagrama)

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9. Byung-Chul Han

Filósofo y ensayista surcoreano, afincado en Alemania (Seúl, 1959). Destaca por sus libros breves que critican el capitalismo, la tecnología y la visión actual del trabajo.

Byung-Chul Han no tiene ideas sino axiomas. Pertenece a esa raza de médiums que, como el matemático Ramanujan o la escritora Lispector, capturan voces sobre el papel: “Las [palabras] que están en los libros no son mías. Recibo las que me visitan y las copio”, dijo en una desconcertante entrevista en este periódico. Sabemos que nació en Corea del Sur y se fue a Berlín, tiene 65 años, es profesor, toca el piano, cuida un jardín e intenta trabajar poco. Por tanto, nos cae bien.


También nos gusta porque su obra canaliza las preocupaciones de internet, que son las nuestras, y cuando digo nuestras quiero decir mías: la opresión de la autoexplotación; la salud mental como la patología contemporánea; la importancia de los rituales y objetos analógicos; la trampa de la autooptimización; la narración y su crisis; la emocionalización, el narcisismo, y la aceleración de la sociedad digital. Al leerlo pienso que ya podría dejar de expresarse como un pitagórico del siglo VI antes de Cristo, alargar las frases y explicarse mejor; después me olvido y vuelvo a comprar sus libritos que creo escritos para mí. Le acusan de repetirse, es cierto y me da igual, porque lo dicho me resuena y deseo volver a oírlo. Así funciona el nuevo mundo, por cierto, o lanzas una y otra vez tu mensaje a internet junto a un buen titular o será ignorado.


Supongo que por su conexión con la cultura digital, su extravagancia personal o su falsa sencillez se le llama pensador de moda; algo curioso porque a pesar de los 100.000 ejemplares vendidos en España y Latinoamérica solo de La sociedad del cansancio, no es popular en EE UU. Auguro, pues, que pronto estará de moda de verdad, porque aún hay quien no reconoce sus axiomas.


Por Delia Rodríguez: (Logroño, 1978). Periodista especializada en la relación entre tecnología y sociedad. Es autora de Memecracia (2012, Gestión 2000).

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10. Peter Singer

Melbourne (Australia), 1946. En obras como Ética práctica (1980, Akal) ha hablado de temas como el altruismo, los derechos de los animales y el medio ambiente.

El famoso utilitarista australiano sedujo a los tecnócratas proponiendo una fórmula basada en la lógica, los datos y la eficiencia para identificar las causas que benefician al mayor número de personas con la menor cantidad de recursos, en un entorno históricamente caracterizado por la intensidad emocional. Lo llamó altruismo efectivo, y en los últimos años ha sido utilizado como filosofía ética por figuras de Silicon Valley como Sam Bankman-Fried, fundador de FTX, y Sam Altman, CEO de OpenAI, para justificar una extracción masiva de recursos en beneficio de una humanidad que todavía no existe. Pero, si Peter Singer tuviera que votar entre la expansión a Marte y que seamos colonizados por una raza extraterrestre con talento para la felicidad, iría con los segundos. Singer se dedica a la erradicación del sufrimiento. La especie que lo consiga cuenta con su aval, independientemente de su origen.


En Liberación animal, libro que le catapultó a la fama en 1975 y le convirtió en padrino del movimiento por los derechos animales, propone el concepto de especismo, prejuicio moral idéntico al racismo o el sexismo, creado para justificar una cultura de explotación no respaldada por criterios científicos. Además de premios y condecoraciones, acumula doctorados honorarios de universidades como Harvard y Oxford. Es coeditor de la Revista de Ideas Controvertidas, fundada en 2021 para publicar textos sobre temas éticos, políticos y sociales que cumplen estándares de calidad académica pero han sido rechazados por tratar temas sensibles o desafiar las estructuras convencionales de la academia.


Por Marta Peirano: (Madrid, 1975) es periodista. En su último libro, Contra el futuro (2022, Debate), reflexiona sobre qué podemos hacer los ciudadanos ante el cambio climático.

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¿Y las mujeres? Una lista desigual (aunque no tanto)

Carmen Pérez-Lanzac 

Sí, apenas hay pensadoras en esta clasificación. Los años de ausencia y de arrinconamiento también están presentes en este ranking. En un categórico primer lugar (aventaja en más de 50 puntos al segundo), tenemos a Judith Butler, que nació mujer pero tiene reconocido en su California natal el género no binario (ni hombre ni mujer). Su gran aportación filosófica, defender la subversión de la identidad, claro, le es cercana. Y en el puesto 7º, la filósofa Martha Nussbaum, que apoya la plena realización de todos y cada uno de los individuos. Por lo demás, la lista es un desierto en clave femenina.

Pero los diez primeros son la punta del iceberg. Hasta 288 pensadores han sido seleccionados. Y entre el puesto 11 y el 20 hay 7 mujeres: la ensayista estadounidense Naomi Klein (11º), la economista italiana Mariana Mazzucato (12º), la filósofa estadounidense Donna Haraway (16º), la socióloga francoisraelí Eva Illouz (17º), la feminista francesa Hélène Cixous (18º), la investigadora cordobesa Remedios Zafra (19º) y la filósofa estadounidense Wendy Brown (20º). La cosa mejora algo.

En Ideas estuvimos pendientes del equilibrio de género. El jurado lo conformaron 32 mujeres de un total de 56 personas. Mientras, queremos contribuir al avance hacia un top 10 equilibrado entre género, raza, clase y en el que los pensadores no procedan de una forma tan rotunda (9 de 20) de un solo país occidental, Estados Unidos.

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El método y el jurado

Esta encuesta se realizó pidiendo a 56 expertos de diferentes ámbitos (historia, política, tecnología, academia, ciencia, periodismo) que eligieran a los que, a su juicio, son los diez pensadores vivos más influyentes de la actualidad. Los hemos ordenado en función del número de votos obtenidos.

El jurado estuvo compuesto por: Noelia Adánez, Jordi Amat, Irune Ariño, Olga Belmonte, María Blanco, María Blasco, Isabel Burdiel, Eurídice Cabañes, Victoria Camps, David Cano, Olga Cantó, Ana Carrasco-Conde, Ernesto Castro, Xavier Coller, Sonia Contera, Estrella de Diego, Mara Dierssen, Joaquín Estefanía, Lorena Fernández, Soledad Gallego-Díaz, Daniel Gascón, Gutmaro Gómez-Bravo, Pedro Carlos González Cuevas, Mariona Gumpert, Jordi Gracia, Óscar Horta, José María Lassalle, Lucía Lijtmaer, Paloma Llaneza, Laura Llevadot, Ramón López de Mántaras, Chantal Maillard, Carles Manera, Máriam Martínez-Bascuñán, Joan-Carles Melich, Enrique Moradiellos, Javier Moscoso, Paloma de la Nuez, Nuria Oliver, Anna Pagès, Marta Peirano, Ignacio Peyró, Alana S. Portero, Jahel Queralt, Juan Ramón Rallo, Clara Ramas, Joaquín Reyes, Sara de la Rica, Andrea Rizzi, Delia Rodríguez, Carlos Rodríguez Braun, Javier Rodríguez Marcos, Pere Rusiñol, Javier Santamarta, Marta Segarra y Natalia Velilla.


martes, 8 de octubre de 2024

Este es un ejemplo del potencial y los riesgos de la inteligencia artificial...

 La fantástica conversación entre Yuval Harari e Irene Vallejo


Yuval Harari e Irene Vallejo ocupan un sitio especial en las bibliotecas y en las mesitas de noche de muchos apasionados lectores. 




29 sep 2024 
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El filósofo e historiador Yuval Harari acaba de publicar su nueva obra Nexus: Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la Inteligencia Artificial.

Harari saltó a la fama con su libro Sapiens: de animales a dioses, y desde entonces se ha convertido en uno de los pensadores más influyentes de nuestra era.

Nexus trata sobre cómo las redes de información han sido herramientas poderosas para influir y controlar sociedades. Repasa varios siglos de historia y hace una advertencia escalofriante de cómo la inteligencia artificial (IA) podría amplificar dicha dinámica, con consecuencias catastróficas, si no se la regula adecuadamente.

Aunque la humanidad siempre ha sido vulnerable a la manipulación a través del lenguaje y la información, la IA podría elevar esto a un nuevo nivel, más peligroso, no mediante la violencia, sino a través del uso de datos y algoritmos para influir en las personas sin que nos demos cuenta.

A diferencia de tecnologías previas, como la transmisión oral de historias o su materialización en libros, Harari sostiene que la IA artificial es la primera herramienta con la capacidad de generar ideas propias y tomar decisiones por su cuenta.

Cuando Harari habla de historias y de libros, inevitablemente me recuerda la impactante y entrañable obra de la escritora española Irene Vallejo, El Infinito en un Junco. Narra cómo surgió la escritura y cómo se desarrolló el libro como objeto, desde los rollos de papiro en el mundo clásico, hasta la invención de la imprenta y la explosión editorial actual.

Con un lenguaje musical y poético, la obra aborda mitología, anécdotas de escritores, historias de bibliotecas, contadoras de cuentos y lectores a lo largo de los siglos. En cada sección, resalta el papel de los libros como vehículos de conocimiento, libertad y resistencia frente a la censura y el olvido.

Publicada en 2019, la obra ha superado el millón de ejemplares vendidos, ha sido traducida a más de 30 idiomas y ha estado presente en las principales ferias de libros, en especial en el mundo de habla hispana.

Es un privilegio tener acceso a la siguiente conversación casual y fantástica entre estos dos gigantes de la palabra y el pensamiento.

— Yuval Harari (YH): He oído cosas maravillosas sobre El infinito en un Junco. Me fascina cómo exploras la historia del libro y su impacto en la civilización. ¿Qué te inspiró a escribir sobre este tema?

— Irene Vallejo (IV): Gracias. La historia de la escritura y del libro siempre me ha apasionado. Es increíble cómo un simple junco, transformado en papiro, cambió nuestra capacidad para transmitir ideas a lo largo del tiempo y el espacio.

Escribir El Infinito en un Junco fue mi manera de rendir homenaje a ese legado. Tu libro Nexus también suena fascinante. ¿Cuál fue tu principal motivación?

— YH: Mi objetivo con Nexus es explorar las interconexiones globales que configuran nuestra realidad actual. Vivimos en una sociedad extremadamente interconectada, y quise desentrañar cómo estas redes influyen en nuestra vida diaria, la política, la economía y la cultura.

— IV: Es fascinante cómo abordas el futuro de la humanidad, pero ¿crees que en ese mundo que describes, donde la inteligencia artificial y la biotecnología nos transforman profundamente, aún habrá lugar para las historias antiguas? ¿Para los libros y los relatos que han sido la esencia de lo que somos?

— YH: Las historias siempre han sido cruciales para la humanidad. Nos han permitido cooperar y crear culturas complejas. Sin embargo, mi preocupación es que esas mismas historias —las que han dado sentido a nuestra existencia— podrían ser reemplazadas por narrativas generadas por algoritmos o, peor aún, por historias que los humanos ya no podrán entender del todo.

— IV: Es una posibilidad inquietante, pero no creo que las máquinas puedan reemplazar nuestra capacidad para sentir o entender la belleza. Los relatos antiguos, los mitos y los libros no solo están hechos de datos o información, sino de emociones humanas, de nuestras fragilidades y esperanzas. La Odisea, por ejemplo, nos habla del anhelo por el hogar, algo que no cambiará, independientemente de cuántos algoritmos nos rodeen.

— YH: Esa es una cuestión filosófica profunda. Pero lo que planteo en mis libros es que, en el futuro, los humanos podríamos perder el control sobre nuestras emociones, pensamientos y deseos, no porque las máquinas sean más sabias en el sentido humano, sino porque serán mejores para manipularnos.

— IV: Es un pensamiento perturbador. Sin embargo, me cuesta creer que podríamos desconectarnos por completo de nuestras raíces. A lo largo de los milenios, la humanidad ha enfrentado cambios enormes, pero siempre ha vuelto a sus relatos fundacionales. Los textos clásicos no son simplemente un eco del pasado; son una brújula en tiempos de incertidumbre.

— YH: Me parece fascinante cómo ambos nos enfocamos en diferentes épocas y aspectos de la historia para mostrar la importancia de las conexiones humanas.

— IV: Absolutamente. Aunque tu acercamiento es más contemporáneo y tecnológico, y el mío más histórico y literario, ambos intentamos arrojar luz sobre la importancia de la conectividad en la evolución humana.

— YH: Discúlpame el atrevimiento, pero en tu caso, la crítica suele centrarse en tu estilo lírico y poético. Algunos lectores pueden encontrar tu narrativa excesivamente romántica y menos rigurosa desde un punto de vista histórico-académico.

¿Cómo manejas los cuestionamientos sobre la posible "romantización" de la historia en tu libro?

— IV: Intento mantener un equilibrio. La belleza de la escritura y la historia es, en parte, subjetiva. Creo que hay espacio para un enfoque lírico, siempre y cuando se base en hechos sólidos.

Ya que estamos en ese plano, en tu caso, has sido criticado por simplificar demasiado ciertos aspectos complejos de la historia y la interconectividad humana. Tu enfoque a veces se percibe como reduccionista, y que omite detalles que podrían matizar tus conclusiones.

¿Cómo lidias con las críticas sobre el reduccionismo?

— YH: Creo que la simplificación es a menudo una herramienta necesaria para hacer accesibles temas complejos a una audiencia amplia. Pero siempre invito a los lectores a profundizar más allá de mis libros.

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Antes de que estos autores empiecen a discutir de manera peligrosamente agria, es oportuno detenernos aquí y reconocer que este diálogo “fantástico” es pura ficción. Fue generado a través de inteligencia artificial, a la que se le pidió simular un diálogo entre Harari y Vallejo, a propósito de sus respectivas obras.

No hay un registro sobre si se han conocido o han tenido alguna interacción. Es muy probable que una conversación real pueda ser mucho más rica que la presentada en este artículo, pero no hay duda que este supuesto diálogo podría captar mucho de la esencia de la discusión.

Este es un ejemplo del potencial y los riesgos de la inteligencia artificial que el propio Harari nos advierte en su último libro. Sin embargo, parodiar una conversación ficticia, corregir textos, elaborar códigos de programación, gráficos, obras de arte y otras tareas similares pueden ser ejemplos útiles pero inocuos del uso de la IA.

La amenaza más seria es la denominada capacidad de “agencia”, es decir cuando la IA pueda tomar decisiones por su propia cuenta y de manera autónoma.

Recordemos muy bien este término, “agencia”, que seguro nos acompañará en las discusiones y temores en los años venideros.

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Fidel Jaramillo

Ph.D. en Economía Universidad de Boston, secretario general del FLAR y docente de la UDLA. Ex gerente general del Banco Central y exministro de finanzas de Ecuador, y alto funcionario de CAF y BID.


viernes, 13 de septiembre de 2024

Las redes sociales, la desinformación y los riesgos de la inteligencia artificial son una amenaza vital para la supervivencia no ya de la democracia, sino de la civilización en su conjunto.

 

‘Nexus’, de Yuval Noah Harari: un mundo ahogado en información

El historiador israelí vuelve 10 años después de ‘Sapiens’ con una exploración concienzuda y ambiciosa sobre las redes de comunicación y su función esencial en la organización humana



El escritor israelí Yuval Noah Harari, retratado en Tel Aviv en 2023. ... Oded Balilty (AP)



Diez años después de Sapiens, el libro que le convirtió en uno de los intelectuales más influyentes del mundo, y tras haber vendido 45 millones de ejemplares de esa obra y dos secuelas, Yuval Noah Harari vuelve con Nexus, una exploración concienzuda y ambiciosa sobre las redes de información y su función esencial en la organización de las sociedades humanas a lo largo de la historia. Aunque se remonta a los tiempos anteriores a la invención de la escritura, el libro también se zambulle a fondo en las cuestiones más candentes de la actualidad, con particular énfasis en las redes sociales, la desinformación y los riesgos de la inteligencia artificial, que él considera una amenaza vital para la supervivencia no ya de la democracia, sino de la civilización en su conjunto.


La tesis central de Nexus es que la función de la información no es representar la realidad, sino crear vínculos entre grandes grupos humanos. Harari admite que tres milenios de filosofía y cuatro siglos de ciencia nos han aportado vastas cantidades de información y un gran poder, pero no cree que por ello nos conozcamos mejor ni seamos más sabios. Como historiador y como analista escéptico de la ciencia y la tecnología, concede mucha más importancia a la construcción de redes cooperativas mediante ficciones, fantasías e ilusiones sobre dioses, naciones y transacciones económicas. Desde esta perspectiva, la Biblia es mucho más valiosa y poderosa que los Principia de Newton y El origen de las especies de Darwin juntos, como un bulo lo es más que un mensaje veraz. La ignorancia es fuerza, como dijo George Orwell.


La teoría generalizada de que la información conduce a la verdad, y de ahí a la sabiduría y al poder, es para Harari la “idea ingenua de la información”. El autor se revuelve así contra los visionarios tecnológicos contemporáneos que, como Mark Zuckerberg, Ray Kurzweil y el resto de la plana mayor de Silicon Valley, sostienen que las redes sociales promueven el entendimiento entre personas, crean un mundo más abierto y generan un círculo virtuoso del bienestar por donde fluyen “la alfabetización, la educación, la riqueza, la salud, la democratización y la reducción de la violencia” (Kurzweil). Algunas de las páginas más brillantes de Nexus se dedican a refutar de manera contundente, casi cruenta, ese espejismo candoroso.


Tomemos el caso de los rohinyá, los habitantes musulmanes del oeste de Myanmar (antigua Birmania), un país de mayoría budista. Pese a las esperanzas de convivencia pacífica suscitadas a principios de los 2010, los rohinyá sufrieron en esa misma década unos torbellinos de violencia sectaria y racista promovidos en su mayor parte por las mentiras asesinas aparecidas y propagadas en Facebook, la red social del mismo Zuckerberg al que hemos visto más arriba predicando las virtudes teologales de su negocio billonario. La campaña de limpieza étnica que, en 2016, destruyó los pueblos rohinyá, asesinó a 20.000 civiles desarmados y expulsó de Myanmar a 700.000 musulmanes, se gestó y difundió a través de las falsedades y los mensajes de odio que circularon por Facebook.


La ONU concluyó en 2018 que Facebook había desempeñado un “papel determinante” en la campaña de limpieza étnica, como ya había denunciado Amnistía Internacional y como le parecerá obvio a cualquier otro observador sensato. Pero ni Zuckerberg ni sus ejecutivos ni sus ingenieros pagaron el menor precio por ello, ni tampoco adoptaron ninguna medida de corrección en sus algoritmos. La jurisprudencia norteamericana libera de toda responsabilidad a las plataformas por las mentiras y los mensajes de odio que circulan por sus redes, y así seguimos seis años después pese a las iniciativas legales europeas —que se han topado con la fiera oposición de los abogados de Silicon Valley— e incluso de una creciente suspicacia de parte de la clase política estadounidense.


Pero el blanco de las críticas de Harari no son los ejecutivos de Silicon Valley que han consentido toda esta inundación de odio, ni menos aún los ingenieros que han diseñado los algoritmos. Su blanco son los propios algoritmos, porque la intención del autor es avisar al mundo del riesgo, para él inminente, de que las máquinas se hagan con el control de las sociedades humanas. “Los ejecutivos de California no albergaban animadversión alguna hacia los rohinyá”, escribe Harari. “De hecho, apenas sabían de su existencia”. Algunos lectores se sorprenderán de esta actitud exculpatoria hacia los responsables humanos de la propagación del odio, máxime cuando el autor reconoce y documenta que el objetivo de la empresa era “recopilar más datos, vender más anuncios y acaparar una proporción mayor del mercado de la información”. Pero el caso es que lo que realmente atormenta a Harari es el robot, no sus creadores.


El estilo discursivo de Nexus es puro Harari. El historiador tiene una habilidad endemoniada para exponer argumentos sofisticados sobre cuestiones complejas sin dolor para el lector, porque lo hace enlazando un ejemplo revelador tras otro, el arca de Noé con Elon Musk, la mitología con la burocracia, la Biblia con ChatGPT. El libro está exhaustivamente documentado y es producto de una reflexión profunda y perseverante, pero el lector se podrá beneficiar de todo ello sin sentir el menor dolor, ni fatiga, ni aburrimiento. Pocos pensadores pueden escribir 600 páginas plagadas de ideas innovadoras y estimulantes que el lector puede absorber como quien da un paseo por el campo. Aunque sea un campo de minas.



Debate, 2024
608 páginas, 23,90 euros