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jueves, 18 de julio de 2024

Sobre el aumento de la esperanza de vida...

Una sencilla inyección mensual hace que los ratones vivan un 25% más y sin enfermedades

La estrategia, el pinchazo de un simple anticuerpo, ya se ha empezado a probar en personas para intentar curar enfermedades asociadas a la edad



En dos ratonas de 105 semanas, la que recibió el anticuerpo X203 tenía menos canas y menos peso. ... MRC-LMS / DUKE-NUS



Parece demasiado bonito para ser cierto, pero el bioquímico Jesús Gil habla con entusiasmo desde su laboratorio en Londres. “No hay razón para pensar que lo que hemos visto en los ratones no va a funcionar en las personas”, proclama. Lo que han observado en los roedores es casi milagroso. Un equipo de científicos ha aplicado inyecciones mensuales de un simple anticuerpo a ratones de casi un año y medio, una edad equivalente a 55 años humanos. Esos animales han vivido hasta un 25% más que sus congéneres y con salud: menor incidencia de cáncer, menos colesterol, mayor fortaleza muscular. Es como si la esperanza de vida humana se disparase hasta los 104 años, en vez de los 83 actuales en España.


Los resultados se perciben a simple vista, según explica el cardiólogo Stuart Cook, codirector de la investigación en el Laboratorio de Ciencias Médicas de Londres. “Los ratones que recibieron el anticuerpo X203 se veían más delgados y activos, con mejor color del pelaje —menos pelos grises— y mejor visión, audición y capacidad para caminar”, aplaude Cook. Los anticuerpos son proteínas que circulan por la sangre para defender al organismo de sustancias extrañas, como virus y bacterias. En el caso del X203, está diseñado para bloquear a otra proteína natural con potentes efectos en el envejecimiento: la interleuquina 11, cuya concentración aumenta con la edad, haciendo que las células dejen de multiplicarse, se acumulen y liberen sustancias nocivas que provocan inflamación y daño en las células cercanas.


Cook subraya que ya hay ensayos en personas de tratamientos experimentales para bloquear la interleuquina 11, pero no están enfocados a estudiar el envejecimiento durante años o décadas. Él mismo ha fundado una empresa, Enleofen, que colabora con la farmacéutica alemana Boehringer Ingelheim en las primeras pruebas de un anticuerpo similar en voluntarios sanos. Otras dos compañías, la estadounidense Lassen y la china Mabwell, también han iniciado proyectos semejantes, con el objetivo de curar la fibrosis pulmonar y otras enfermedades asociadas a la edad.


“No hemos visto efectos adversos en los ratones. Aumentar la longevidad y prolongar la vida saludable es lo contrario a un efecto adverso”, celebra Cook. El cardiólogo destaca que los primeros resultados en humanos, los de la empresa Lassen, también muestran un “excelente perfil de seguridad”. En ratones, el pinchazo es directo a la cavidad abdominal, durante 25 semanas hasta la eutanasia, el equivalente a administrárselo a una persona durante casi dos décadas. En humanos, la inyección es intravenosa.


“Hasta la fecha, hemos observado una equivalencia total entre lo que hace la interleuquina 11 en los ratones y en las personas. En el caso de la longevidad, los ratones mueren principalmente de cáncer, mientras que los humanos mueren sobre todo por enfermedades cardiovasculares y cáncer. Lo esperable sería ver menos tumores en humanos con esta terapia, como ya se ha visto en ratones”, argumenta Cook. “En cuanto a las enfermedades del corazón, no estamos tan seguros, pero el tratamiento bloqueante de la interleuquina 11 mejoró el metabolismo y los niveles de colesterol en los ratones, por lo que también podría tener efectos en las enfermedades cardiovasculares en los humanos. Solo lo sabremos si se realizan ensayos clínicos diseñados para estudiar el envejecimiento”, advierte Cook, codirector del trabajo junto a la bióloga Anissa Widjaja, de la Facultad de Medicina Duke de la Universidad Nacional de Singapur.


El bioquímico español Jesús Gil, del Laboratorio de Ciencias Médicas de Londres. ... JESÚS GIL


Jesús Gil nació en Zaragoza hace 50 años, pero se crio en Logroño. Lleva media vida en Londres y dirige su propio grupo en el Laboratorio de Ciencias Médicas, un centro nacional del Consejo de Investigación Médica de Reino Unido. Su equipo estudia la senescencia, ese estado en el que las células dejan de reproducirse, pero no se mueren, y al acumularse favorecen la inflamación, el envejecimiento y el cáncer. “Inhibir la interleuquina 11 puede inhibir la senescencia”, sentencia Gil, que también ha hecho experimentos con células humanas. Sus resultados se publican este miércoles en la revista Nature, ariete de la mejor ciencia mundial.


El biólogo español Rafael de Cabo, jefe de Gerontología Traslacional en el Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de EE UU, aplaude el nuevo trabajo, en el que no ha participado. “La magnitud de la extensión de la vida de los ratones es bastante impresionante”, señala De Cabo, nacido en Córdoba hace 56 años. El biólogo, sin embargo, es cauteloso. “Los datos son supersólidos, pero hay detalles que podrían cuestionar un poco la interpretación. Por ejemplo, solo utilizan una línea genética de ratones: los C57BLACK6, que son muy comunes. Para hacer estudios de longevidad tienes que emplear varias estirpes de ratones, en varios sitios, para evitar que, como ha ocurrido en mil ocasiones, sea una observación puntual”, advierte.


De Cabo, no obstante, es optimista. “Está claro que jugar con la inhibición de la interleuquina 11 tiene efectos beneficiosos para la salud de los ratones. La acumulación de datos de este y otros estudios indica que, probablemente, se podrá utilizar para tipos específicos de enfermedades en humanos”, opina. “El problema que tenemos ahora mismo en el campo de la investigación del envejecimiento es que todo el mundo quiere vivir mucho más tiempo, pero nadie tiene la paciencia que hace falta para hacer bien los estudios. Tenemos que hacer estudios largos en humanos, porque no están hechos”, recalca.


La comunidad científica mundial trabaja en varias estrategias prometedoras para alargar la vida con salud, como la rapamicina y la metformina, e incluso para revertir el envejecimiento, que es el ambicioso objetivo de Altos Labs, una empresa estadounidense creada en 2022 con un descomunal presupuesto de 2.700 millones de euros. Para Rafael de Cabo, todavía no hay certezas. “En humanos todavía no hay datos suficientes para predecir cambios positivos en la salud con ninguna de las intervenciones que hemos hecho. Las más sólidas son la restricción calórica y el incremento de la actividad física”, apunta. Comer menos y moverse más, sin necesidad de inyecciones.


martes, 16 de abril de 2024

Sobre el envejecimiento y la inmortalidad...

¿Por qué morimos? 

Lo último sobre el envejecimiento y la inmortalidad de la mano de un científico galardonado con el Premio Nobel

El envejecimiento se produce a lo largo de toda nuestra vida, incluso desde el principio.
Cecilie_Arcurs/E+/Getty Images



Por Jessica DuLong

martes, 15 de noviembre de 2022

Curar el envejecimiento

 Nicklas Brendborg: “Mantener tu boca limpia es de las pocas cosas fáciles que puedes hacer para alargar la vida”

El biólogo danés ha publicado un libro en el que recoge los últimos avances para prolongar la vida saludable, desde la dieta o el ejercicio a los fármacos antienvejecimiento



En los primeros tiempos de la Unión Soviética, durante los años veinte del siglo pasado, el bolchevique Alexander Bogdanov comenzó a experimentar con las transfusiones de sangre como método para curar el envejecimiento. Después de sobrevivir a los peligros de la revolución y tras someterse a 10 transfusiones de sangre en dos años, en 1928 sucumbió a la undécima. El donante tenía malaria y tuberculosis. Muchas décadas después, en 2015, Elizabeth Parrish, estadounidense y directora de una empresa llamada BioViva, viajó a Colombia para escapar de las autoridades que regulan el uso de tratamientos médicos en su país y aplicarse una terapia génica antienvejecimiento. Aunque su enfoque no ha recibido el beneplácito de la comunidad científica, Parrish sigue viva.


La eterna juventud es un premio que ha llevado a científicos y aventureros a asumir riesgos excepcionales. Ahora mismo, hay individuos que se aplican tratamientos fuera de los circuitos oficiales para escapar a los daños del paso del tiempo. Algunos fármacos, como la rapamicina, que se emplea para evitar los rechazos de órganos en los trasplantes, o la metformina, que toman muchas personas con diabetes, han mostrado su potencial contra el envejecimiento en animales y se están empezando a probar en humanos con ese objetivo.


El estudio de algunos animales, como la medusa Turritopsis, capaz de invertir su propio envejecimiento y volver, de algún modo, a su infancia, sugiere que hacerse viejo no es ineludible y muchos científicos de prestigio creen que nos estamos acercando a obtener respuestas sobre cómo vivir más allá de nuestros límites actuales. Nicklas Brendborg (Aalborg, Dinamarca, 27 años), biólogo molecular en la Universidad de Copenhague, acaba de publicar un libro (La medusa inmortal, Destino) en el que recoge los últimos hallazgos sobre este anhelo inmemorial de la humanidad. Ha charlado con EL PAÍS esta semana por videoconferencia.

Pregunta. ¿Cuánto tiempo podría ganar una persona que siga los consejos de su libro?


Respuesta. Depende de quién seas. Con algunas personas, es muy fácil darles un consejo que les prolongue la vida: deja de fumar, pierde algo de peso… Pero hay personas que ya llevan una vida muy sana. Ahí tienes que ir a los detalles, a tomar algún suplemento o a cuidar mejor su salud dental. En los últimos 100 años, se han conseguido grandes incrementos en la esperanza de vida, pero ahora parece que hemos alcanzado un límite, al menos para las personas que no fuman, no beben, comen poco y hacen ejercicio, que en cualquier caso tampoco es una combinación fácil de alcanzar.

Incluso aunque sigas todas las reglas para tener buena salud, vas a envejecer y vas a tener alguna enfermedad relacionada con el envejecimiento que te acabe matando. Así que si quieres ir más allá, como el tiburón de Groenlandia [que puede vivir hasta 500 años], va a ser necesario algún tipo de intervención médica. Tendremos que desarrollar nuevos fármacos para llegar ahí.


P. Ahora se están probando ya compuestos como la rapamicina o la metformina y también hay experimentos con células madre. ¿Cree que estas soluciones empezarán a superar las fases experimentales y a llegar al mercado en 20 años?


R. Creo que solo harán falta cinco años para que los primeros productos lleguen al mercado. Efectivamente, la metformina o la rapamicina son buenos candidatos y en este mismo momento ambas están probándose en humanos. El potencial de estas moléculas es algo que conocíamos desde hace mucho tiempo en ratones y ahora, finalmente, vamos a ver cuál es el veredicto en humanos. Esa será una primera generación, con estos fármacos que ya han sido aprobados para su uso en humanos. Pero después habrá una segunda generación de sustancias. Yo diría que vamos a ver estos productos llegando al mercado en los próximos cinco o 10 años si somos pesimistas.


P. ¿Piensa que sucederá como con los tratamientos avanzados en enfermedades raras o en el cáncer, que serán muy eficaces, pero con precios prohibitivos, y que solo llegarán a unos pocos?


R. Depende de la terapia de la que hablemos, porque algunas ideas se basan en pequeñas moléculas conocidas que no serían tan caras. Algunas terapias basadas en células, al principio, van a costar una fortuna. Pero la medicina suele pasar por una fase donde los tratamientos son muy caros y se van abaratando según aprendemos a producirlos en masa o encontramos alternativas que hacen lo mismo. Cuando se encuentre algo que funcione para aumentar la esperanza de vida, habrá una carrera para bajar el precio y, como el premio para el que consiga este objetivo es enorme, habrá mucha gente que entre en la carrera.


P. Las principales fortunas del mundo han mostrado mucho interés en la ciencia de retrasar el envejecimiento. Altos Lab, por ejemplo, ha reunido 3.000 millones de euros para ponerse en marcha y a muchos de los mejores científicos especializados en envejecimiento del mundo ¿Ve posible un futuro distópico en el que haya milmillonarios viviendo cientos de años y el resto de la gente con una esperanza de vida similar a la actual?


R. Creo que no será imposible ampliar la esperanza de vida hasta 200 o 300 años, algo así. Y al principio, como cualquier otra cosa, será muy caro, y serán los ricos los que tengan acceso por delante de los pobres. Pero también habrá muchos científicos que quieran tenerlo para ellos mismos. Y muchos activistas. No espero que la gente rica lo desarrolle y se lo quede para ellos, eso no sería socialmente aceptable. Al principio será caro, pero habrá una carrera para bajar el precio y encontrar alternativas para que sea más accesible a todo el mundo. Supongo que es el camino que vemos en todas las tecnologías. Lo que ahora tiene una persona normal es algo que ni siquiera los reyes podrían tener hace 100 años.


P. ¿Qué es lo más fácil que se puede hacer ahora para prolongar la vida?


R. Lo que es fácil, desgraciadamente, funciona peor que lo que es difícil, como comer saludable o hacer mucho ejercicio. Pero mantener tu boca limpia es de las pocas cosas fáciles que puedes hacer para alargar la vida, cepillándote y usando hilo dental, porque conocemos la relación entre los patógenos de la boca y las enfermedades cardiovasculares y la demencia. Es muy fácil prevenir estas infecciones bacterianas quitando de la boca la comida en la que se reproducen. La gente que tiene trastornos inflamatorios de la boca tiene mayor riesgo de trombos, demencia y de morir antes, y esos riesgos se pueden evitar limpiándose dos o tres minutos al día, lavándote los dientes y utilizando hilo dental. Ser donante de sangre también podría tener un efecto beneficioso.


P. Ser pequeño también es un factor favorable para vivir más. ¿Por qué?


R. Hay dos cosas que lo pueden explicar. La primera es que al ser más grande tienes más células y si asumimos que todas las células tienen el potencial de volverse cancerosas, eso supondría un riesgo ligeramente superior de tener la enfermedad y es algo que hemos observado. Pero probablemente no es el motivo principal. La principal razón tiene que ver, seguramente, con la señalización de crecimiento, que te hace ser más grande, pero también te hace envejecer más rápido, porque cuando hay mayor señalización de crecimiento, también hay un descenso en la reparación del organismo. El cuerpo se centra en el crecimiento o en la reparación.


P. Cuando se buscan las claves de la vida eterna desde un planteamiento científico, se suele mirar, por ejemplo, a zonas donde hay una gran longevidad, como Okinawa en Japón o Nicoya en Costa Rica. Después, se diseccionan las características de la forma de vida, lo que comen o qué hacen, y se trata de encapsular esas características. Pero muchas veces lo que hace que tengamos una vida prolongada son alimentos, lugares, formas de socializar y demás, que solo funcionan cuando van juntas.


R. He pensado mucho en ello y es verdad. Sabemos que hay una conexión muy estrecha entre la salud mental y la física y también en la otra dirección. El efecto placebo, pensar que algo tiene un efecto médico, hace que lo tenga, pero también el efecto nocebo, que es justo lo contrario. Y esto es un problema con la comida porque puedes acabar haciéndote daño si piensas demasiado en que algo que estás tomando es malo: te estresas y te sientes culpable porque no estás siguiendo una dieta. Así que sí, hay que tener en cuenta todo esto.


P. Durante el siglo XX se logró un incremento de la esperanza de vida enorme, pero en los últimos años parece que la tendencia se ha ralentizado y hay países como EE UU donde la esperanza de vida ha descendido. ¿Hemos alcanzado un tope?


R. Hay señales claras de que la estadounidense no es una sociedad muy sana. Tienen un gran problema con las armas, con las adicciones a las drogas o la epidemia de obesidad, y ahora su esperanza de vida cae. Pero no creo que eso vaya a llegar a otras partes del mundo, ni que vaya a pasar en España o Dinamarca. Hemos visto un incremento gradual de la esperanza de vida en casi todos los países y eso va a continuar porque estamos haciendo mejoras en nuestras formas de vida y en la medicina. Después, tenemos la gran esperanza de los fármacos antienvejecimiento. Y ahí entramos en un terreno más especulativo, pero creo que se va a producir un incremento exponencial en la esperanza de vida y vamos a tener gente que está viva hoy muriendo a los 100 o los 150 años.


En busca del elixir de la juventud

 

Así avanza la carrera científica contra el envejecimiento

La posibilidad de ‘rebobinar’ células adultas a etapas más tempranas ha revolucionado un sector de la ciencia, pero aún está lejos de llegar a los humanos. Los científicos avisan de que no seremos inmortales, el objetivo es alargar la calidad de vida


Hay un animal que es casi inmortal. Nunca envejece. Con apenas un centímetro de tamaño, la hidra es un diminuto invertebrado de agua dulce amarrado a una juventud eterna. Lo descubrió en 1998 Daniel Martínez, profesor de Biología Molecular en la Universidad Pomona de California, cuando intentaba probar justo lo contrario: “Decidí empezar experimentos con la hidra con la idea de que iba a demostrar que envejecía porque todos los animales envejecían. Pero, después de cuatro años, no había mortalidad. Y para un bicho chiquitito, como la hidra, es mucho. Las cosas chiquitas viven semanas, pero no años”, reflexiona. El dogma establecido de la muerte inexorable de los seres vivos se tambaleaba en las entrañas de la minúscula hidra y acaparaba la atención de la comunidad científica: cómo era posible, qué tenía de especial y, lo más importante, ¿podría suceder en otros animales, como los humanos?



La explicación de esa eterna juventud de la hidra está en su cuerpo, “hecho totalmente de células madre”, explica Martínez: el animal se regenera a sí mismo sin cesar. Algo, adelanta, impensable en el ser humano: “Nosotros no nos podemos permitir que todo nuestro cuerpo sea de células madre porque necesitamos órganos: como somos tan grandes, no podemos absorber alimentos a través de la piel, necesitamos un sistema para ingerir alimentos y luego llevarlos a todo el cuerpo. La formación de órganos requiere que nuestras células se diferencien y eso hace que pierdan su capacidad de reproducción; cuando la vuelven a ganar, tenemos cánceres. Así que, una vez que deciden que se van a diferenciar, tenemos un gran control para que no se reproduzcan. Si no pasa eso, tenemos problemas”, resume este biólogo argentino afincado en California. En síntesis, nuestra propia complejidad es la que nos mata.


La hidra, vista al microscopio.
GERALD HELBIG (GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO)


“Dentro de dos décadas podremos prevenir el envejecimiento”


El experto rechaza de plano que sea posible mantener joven al ser humano de forma indefinida, como sucede con la hidra. Pero sí admite que los hallazgos en este animal pueden ayudar a desentrañar los mecanismos moleculares del envejecimiento en humanos, una de las grandes expediciones que libra la comunidad científica desde hace varias décadas y, en los últimos años, con más ahínco.


El hallazgo de Shinya Yamanaka en 2006, que demostró la posibilidad de rebobinar células adultas a etapas embrionarias, revolucionó la ciencia del envejecimiento. Y aunque este mecanismo está lejos de llegar a los humanos, la comunidad científica no ceja en su empeño para frenar la vejez, a la que están asociadas diversas enfermedades, como el cáncer o el alzhéimer. Con la bala de la reprogramación celular y otras fórmulas para atajar los mecanismos asociados a la decrepitud celular, los científicos buscan cómo neutralizar o revertir estos procesos. Pero avisan: no seremos inmortales —de hecho, siempre podremos morir, aunque sea de forma accidental—. El objetivo es envejecer con salud.


El ser humano lleva décadas ganando años de vida: las mejoras sanitarias y la aparición de antibióticos y vacunas han recortado la mortalidad por delante y por detrás hasta tener una esperanza de vida en el mundo de 73 años (en 1960, era de 53). En España, estas cifras suben a los 80 para los hombres y los 85 años para las mujeres. Y siguen al alza mientras la comunidad científica debate si hay un límite: un estudio de 1996 ponía el techo en los 120, mientras que otra investigación de 2016 apuntaba que la longevidad más allá de los 125 años es improbable. La persona más longeva del mundo fue Jeanne Calment, una mujer francesa que falleció en 1997 con 122 años y cinco meses.


Pura Muñoz-Cánoves, profesora ICREA, catedrática de Medicina y Ciencias de la Vida de la Universidad Pompeu Fabra (UPF) e investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Cardiológicas, asegura que la vida media seguirá aumentando, pero no eternamente. “Al paso que vamos, con el ímpetu que tiene la investigación, el envejecimiento se retrasará más, pero somos mortales. Algún día vamos a morir. La idea es que los años que vivamos sean con más calidad, con salud”, explica esta experta en biología celular. De hecho, recuerda, si bien ha crecido la vida media, el techo —los 122 años de Calment— no se ha alargado. “Más que alargar el máximo, se intentará que los de 80 o 90 años vivan más de 100 y en buenas condiciones de salud. Los que ahora están naciendo podrán llegar a ser centenarios”, augura.



Daño en las células

El envejecimiento es, en esencia, la acumulación de daño en las células y la pérdida de su funcionamiento normal. Y los científicos se afanan en descubrir los mecanismos moleculares que hay detrás de todo este fenómeno. “¿Por qué se acumula el daño [con la edad]? Porque hay más oportunidad de que ocurra por agresiones externas, como la exposición al sol o los hábitos de vida. Y porque perdemos capacidades en los procesos de reparación y limpieza celular”, sintetiza Muñoz-Cánoves.


En un artículo publicado en 2013 en la revista Cell, María Blasco, actual directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, proponía nueve firmas moleculares del envejecimiento. En el documento, en el que también participaron otros investigadores españoles, como Manuel Serrano o Carlos López-Otín, los autores desgranan, entre otras causas, la inestabilidad genómica (defectos que se acumulan en los genes con el tiempo) o la pérdida de proteostasis, que implica fallos en la eliminación de proteínas defectuosas y al acumularse, provocan enfermedades.


Hay muchas causas tras el envejecimiento. Blasco también señala, por ejemplo, el papel del acortamiento de los telómeros, una de sus grandes líneas de investigación. Esas estructuras, que se encuentran en las puntas de los cromosomas, se van acortando con el tiempo, a medida que las células se dividen. “Sabemos que cuando los telómeros son muy cortos, se desencadena el envejecimiento. En ratones, si alargas los telómeros, los animales viven más”.

Detrás del envejecimiento también está la desregulación del sistema sensor de nutrientes —fallos en los mecanismos que se activan en el organismo cuando hay o no comida— y las alteraciones epigenéticas, que son todos esos cambios que afectan a las moléculas que se pegan e interaccionan con el ADN. Una investigación publicada en JAMA pone el foco en causas como los “cambios en las células madre y progenitores que conducen a una capacidad reducida para reparar o reemplazar tejidos” y la “inflamación crónica de bajo grado que es estéril” —sin patógenos conocidos que la justifiquen—. Muñoz-Cánoves, por su parte, pone el acento en la reducción en la capacidad de autofagia. “Es como si, durante el envejecimiento, el sistema de barrido o aspirado de la suciedad, que elimina moléculas que no funcionan bien en las células, se estropease y esa suciedad acabase acumulándose”.


La senescencia celular es otro mecanismo más que aviva el envejecimiento: las células tienen una especie de sistema de apagado programado en el que, cuando encuentran un daño irreparable en su interior, para protegerse, dejan de dividirse (senescencia), pero no mueren; en los tejidos envejecidos, las células senescentes se acumulan y pueden liberar unos compuestos “que dañan el ambiente del alrededor y producen un estado de inflamación”, relata Muñoz-Cánoves.


La ciencia del envejecimiento busca atajar todos estos mecanismos que, en última instancia, acaban provocando enfermedades. Pero todavía no hay una bala de plata. Solo intentos, apunta Muñoz-Cánoves. Como los fármacos senolíticos, que son compuestos que hacen que mueran y desaparezcan esas células senescentes que se acumulan en los tejidos envejecidos. “Se ha visto en ensayos en ratones que usando senolíticos, que eliminan las células senescentes, o aumentando la capacidad de autofagia, las células estarán más limpias”, concreta la catedrática de la UPF.


Contra el acortamiento de los telómeros, Blasco propone activadores de la telomerasa, una enzima que hace que vuelva a crecer el ADN de los telómeros, frenando, así, el envejecimiento. “Al reparar los telómeros, la telomerasa evita que haya telómeros muy cortos en la célula. Los telómeros muy cortos provocan daños importantes, que hacen que las células o bien dejen de dividirse o bien opten por suicidarse; en ambos casos, pierden su capacidad regenerativa”, explican Blasco y Mónica Salomone en el libro Morir joven, a los 140 (Paidós).


En la búsqueda de fármacos, también hay en marcha estudios para probar los efectos de la metformina, un conocido antidiabético, para intentar retrasar dolencias asociadas al envejecimiento, como el cáncer o las demencias. El líder del proyecto, Nir Barzilai, director del Instituto para la Investigación en Envejecimiento de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York, aseguró a The New York Times en 2016 que el objetivo era “prolongar la duración de la salud”. “Lo mejor que podemos esperar de la metformina son dos o tres años adicionales de envejecimiento saludable. Pero la próxima generación de medicamentos será mucho más potente”. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento de Estados Unidos puso en marcha en 2002 el Programa de Pruebas de Intervenciones para intentar encontrar potenciales agentes efectivos contra el envejecimiento y ha localizado nueve compuestos que podrían jugar un papel para alargar la esperanza de vida.



Reprogramación celular

La reprogramación celular, que le valió a Yamanaka el Nobel de Medicina en 2012, es otra línea de investigación terapéutica en boga. Ya se ha probado en células in vitro y con ratones. El investigador español Juan Carlos Izpisua demostró, desde el Instituto Salk en Estados Unidos, que en ratones con progeria (envejecimiento prematuro), la combinación de los llamados factores Yamanaka —la combinación de proteínas que están en células embrionarias y son capaces de poner en marcha genes que estaban parados— logra prolongarles la vida.


Los expertos, no obstante, son cautelosos. “Los avances en ratones son esperanzadores y se ha visto en células en cultivo en humanos. Pero es muy difícil establecer plazos. La reprogramación de tejidos en humanos no se puede hacer aún, pero la prueba de concepto está ahí”, apunta Muñoz-Cánoves. Blasco considera esta técnica más “futurista”: “Cuando tú reprogramas, alargas los telómeros sí, pero cambia la identidad de la célula y eso es peligroso. Cuando reprogramas, le quitas la personalidad y la haces volver atrás. Y si no conoces la identidad de la célula, no controlas lo que está pasando. Veo lejano en el tiempo que se pueda usar”, sopesa.


La investigadora de la UPF asume las dificultades de esta técnica, “la más drástica y con los efectos más asombrosos”, admite. Pero insiste en que los resultados de los estudios son “alentadores”: “En los últimos estudios de Izpisua, reprograman células controlando los factores y sin perder la identidad. No hace falta volver al estadio embrionario. Se trata de hacer un pulso controlado de tratamiento, solo unas dosis que reseteen las células un poco”. Izpisua probó los efectos de la reprogramación parcial a largo plazo en ratones sanos y aseguró que “conduce a efectos rejuvenecedores en diferentes tejidos, como el riñón y la piel, y a nivel del organismo”.


En la práctica, agrega Muñoz-Cánoves, quizás tampoco sea preciso reprogramar todas las células. “Con la vejez aparecen comorbilidades: la disfunción de un órgano importante conlleva otros problemas. Quizás rejuveneciendo este órgano, podríamos prevenir la cascada de enfermedades sin tener que tocar el resto del organismo”.


Los ojos, en cualquier caso, están puestos en el campo del rejuvenecimiento celular. Muñoz-Cánoves dejará su puesto en la UPF para incorporarse, antes de final de año, a Altos Lab, una nueva empresa estadounidense financiada por multimillonarios como Jeff Bezos y focalizada en desarrollar tecnologías para frenar el envejecimiento. La compañía ha fichado también a Izpisua, Serrano y al propio Yamanaka, que está en el consejo científico asesor.



Envejecer con salud

La pócima mágica para rejuvenecer, sin embargo, no está cerca ni se la espera, apuntan los expertos consultados. Salvador Aznar Benitah, jefe del laboratorio de Células Madre y Cáncer del Instituto de Recerca Biomédica (IRB) de Barcelona, asegura que el hallazgo de Yamanaka “rompió el dogma básico de que no se puede volver al estado embrionario”, pero advierte: “Puedes reprogramar tejido envejecido para rejuvenecerlo, pero, al final, ese animal muere. No deberíamos pensar en la inmortalidad”. Coincide Muñoz-Cánoves: “La juventud no será eterna. Habrá un envejecimiento con salud, sin achaques continuos”.


La inmortalidad o la eterna juventud, como la de la hidra, sigue siendo una quimera. Y para Martínez, casi mejor así: “No creo que podamos no envejecer. Es más, si eso sucede algún día, vamos a tener que decidir quién quiere y quién no quiere. A mí, particularmente, no me interesaría no envejecer, la vida me parecería demasiado aburrida si tengo todo el tiempo del mundo. Me imagino a Beethoven sabiendo que viviría 500 años… no sé si produciría la misma cantidad de música espectacular que produjo”.


Jessica Mouzo es redactora de sanidad en EL PAÍS. Es licenciada en Periodismo por la Universidade de Santiago de Compostela y Máster de Periodismo BCN-NY de la Universitat de Barcelona.