El bebé no está en garantía
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Buenas:
Esta semana toca hablar sobre Ana Obregón porque no iba a ser yo el único periodista de España que no escribiera sobre el tema. Pero no voy a centrarme en los vientres de alquiler porque no quiero ser otro señor que explica el feminismo. Voy a hablar de dinero. En concreto, de por qué hay cosas que no deberían estar a la venta (o en alquiler).
No tengo nada en contra del dinero, aunque parece que yo no le caigo muy bien a él. En cualquier caso, el filósofo Michael J. Sandel escribe en Lo que el dinero no puede comprar que es contraproducente ponerle precio a cosas que no deberían tenerlo, que deberían estar al margen del mercado. Y eso sin negar que el mercado sea una herramienta muy útil en otros contextos, como, por ejemplo, en el mercado (literalmente, el de las verduras y la carne).
Vamos a seguir algunas de las ideas que explica en su libro, aunque apenas mencione los vientres de alquiler de pasada y aunque no todas las ideas sean aplicables a este caso.
1. Si ponemos precio a todo, corremos el riesgo de que mucha gente no pueda permitirse cosas básicas. Por ejemplo, en el caso de la sanidad.
2. Quien vende según qué bienes puede hacerlo coaccionado por su situación. Por ejemplo, una persona que se ve obligada a vender un riñón no es realmente libre porque es alguien que no tiene otra opción. Es como decir que alguien puede firmar libremente un contrato que lo convierte en un esclavo. No estamos hablando realmente de un intercambio libre de verdad. Además, podríamos añadir que una sociedad que deja que una persona se vea sin más recursos que vender un órgano o incluso su cuerpo durante nueve meses no es una sociedad justa.
3. Cuando introduces dinero en una transacción, cambias la naturaleza de la transacción. Los mercados no son mecanismos neutros, sino que tienen sus propios valores.
Este es el argumento que me parece más interesante y al que Sandel dedica más tiempo. Como ejemplo, cita un experimento de los economistas israelíes Uri Gneezy y Aldo Rustichini que muestra cómo cambia la relación entre las personas cuando se añade el dinero de por medio.
En esta prueba multaron a los padres que llegaban tarde a recoger a sus hijos a la guardería. Tres dólares por hora. La multa provocó que se incrementaran los retrasos, no que hubiera menos. Los padres no veían el pago como una multa, sino como un precio que estaban dispuestos a pagar para que cuidaran a sus hijos un rato más. Ya no se sentían obligados a recogerlos con puntualidad para evitar que otras personas perdieran su tiempo, sino que consideraban que estaban pagando para librarse de esta responsabilidad. Además, una vez se quitó la multa, costó varias semanas que los padres volvieran a los niveles de puntualidad anteriores.
Es decir, cuando se ofrece dinero cambian el mecanismo y los valores de lo que estamos haciendo. Los defensores de cobrar, por ejemplo, por donaciones o por cualquier colaboración altruista, defienden que el interés económico se suma a las demás consideraciones y crea más alicientes. Pero en realidad no sumamos el interés económico al altruismo, sino que estamos sustituyendo unos incentivos, los de la solidaridad, por otros, los financieros, que en muchos casos no son tan eficaces.
En el caso de los vientres de alquiler, podemos ver un buen puñado de ejemplos en un hilo de Twitter de la periodista Jimina Sabadú, en el que recogía dudas que había sacado de un foro dirigido a parejas que querían contratar a madres. Estas parejas preguntaban qué pasaba si moría la gestante durante el embarazo (¿devuelven el dinero?), qué podía ocurrir si el niño salía con problemas (¿se puede devolver el niño?) o si es posible saltarse al intermediario. Seguro que las parejas no tenían solo esas dudas, pero esas dudas vienen de meter el dinero de por medio y de tratar a los bebés como si fueran lavadoras y vinieran con garantía.
Pagar por contaminar
Sandel pone otros ejemplos en los que la introducción del dinero cambia la forma en la que sustituimos una razón interna, intrínseca, que tiene que ver con nuestros valores, por una externa, el dinero:
- Durante la política del niño único en China, el gobierno de este país multaba con 200.000 yuans, unos 30.000 euros, a las familias que tenían un segundo hijo. Las familias que querían más hijos y se lo podían permitir, pagaban esta cantidad no como si fuera una multa, sino como una especie de impuesto por tener más hijos.
- Como viajar en avión contamina, algunas aerolíneas proponen añadir al precio del billete un donativo que se destina a alguna ONG que se encarga de proyectos de reforestación, lo que compensa en parte el daño que haces subiendo al avión. Según Sandel, así corremos el riesgo de creer que esta es nuestra única obligación con el medio ambiente, en lugar de pensar en nuestros hábitos y si podemos cambiarlos.
- Sandel también habla de vender estaciones de metro u otros espacios similares para hacer publicidad. Como pasó en su momento con Vodafone Sol en Madrid. Esto provoca que se debilite su carácter de espacio público, ya que da la impresión de que se alquila algo que es de todos sin que se aprecien las ventajas, lo que genera rechazo, como se vio en esta campaña. Era habitual que se tachara el nombre de la marca en las estaciones, por ejemplo.
En su libro, Sandel sostiene que hay que debatir acerca de dónde pueden intervenir los mercados y dónde deben quedarse al margen. Hay cuestiones en las que tenemos que defender valores como el altruismo, el civismo y nuestros deberes como ciudadanos, y en los que la intervención del dinero es un error porque erosiona esos valores o directamente los sustituye.
Sandel distingue aquí entre la economía de mercado, que es una herramienta valiosa, y una sociedad de mercado, donde solo tenemos en cuenta los valores económicos. Y explica que en un momento de “desigualdad creciente”, la mercantilización de todo significa que la gente con más medios económicos y los que no tienen tantas posibilidades “llevan vidas cada vez más separadas”. Y añade: “La democracia no necesita la igualdad perfecta, pero sí necesita que los ciudadanos compartan una vida común”.
Vientres altruistas
¿Significa esto que las gestaciones altruistas, sin intercambio económico, serían permisibles? No necesariamente: el dinero no es el único argumento en contra de los vientres de alquiler y además habría que definir cómo es ese altruismo, ya que el pago puede camuflarse como una compensación por los gastos del embarazo.
Como he dicho que no quiero ser otro señor que explica el feminismo, que eso es aburridísimo, me interrumpo a mí mismo para remitirme al Código de Deontología Médica de España, que no ve problemas con esta práctica en “casos muy excepcionales relacionados con la salud de la madre, sin ninguna contraprestación económica y con el control de la comisión competente del Ministerio de Sanidad”. Y recomiendo este reportaje: Vientres de alquiler: el deseo de ser padres convertido en industria.
Dicho lo cual, insisto: el dinero está muy bien cuando se usa como y donde se debe, como ocurre cuando alguien compra mis libros.
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Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO).

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