viernes, 7 de abril de 2023

Sobre el dilema del tranvía.

 'The Last of Us' y el dilema del tranvía



JAIME RUBIO HANCOCK 
Filosofía inútil | EL PAÍS
MIÉRCOLES, 5 DE ABRIL DE 2023

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Buenas:

Como este boletín no es de humor, vamos a dejar de lado la moción de censura y vamos a hablar de series. En concreto, de The Last of Us. Y aún más en concreto, del último episodio de la primera temporada. Así que si alguien aún no ha visto la serie, puede pasar directamente a las lecturas recomendadas y guardar este boletín para otro día.

Pedro Pascal y Bella Ramsey en 'The Last of Us' (HBO)


¿Ya? Ojo, que comienzo con el destripe.

Como recordaréis, Ellie es inmune al hongo y Joel la lleva con los rebeldes para ver si pueden desarrollar una cura. Un médico cree que sí, pero la clave está en el cerebro de la niña y no hay forma de que sobreviva a la operación. Joel se niega a que le hagan eso, se carga a todo el mundo y se lleva a Ellie a cuestas. Cuando ella sale de la anestesia, él le cuenta que les atacaron, pero que no se preocupe, que le dijeron que hay muchos como ella y que ya están trabajando en una cura.

Este escenario recuerda al dilema del tranvía, desarrollado por la filósofa Philippa Foot en un artículo de 1967. Como seguro que ya sabréis, porque es uno de los dilemas más comentados y debatidos de las últimas décadas, dice así:

Un tranvía sin frenos se dirige hacia cinco personas que están trabajando en la vía. No puedes avisarles y tampoco puedes parar el tren, pero sí puedes accionar una palanca que lo desviará hacia otra vía. Allí hay otro trabajador, solo uno. ¿Debes tirar de la palanca?

Según el Test de Sentido Moral de la Universidad de Harvard, al que han contestado más de 200.000 personas, el 90% cree que debemos tirar de la palanca.

El dilema tiene una gran cantidad de variantes que modifican ligeramente el escenario, haciendo que cambien también las respuestas. La variante más conocida es la que propuso otra filósofa, Judith Jarvis Thomson, en un artículo de 1985:

Estás en un puente y ves cómo el tranvía se dirige hacia esos cinco trabajadores. Solo hay una forma de detenerlo: empujando a un tipo corpulento que está a tu lado. Él morirá, pero al menos los otros cinco salvarán sus vidas.

Según el mismo test de Harvard, el 90% contesta que en este caso no debemos empujar al tipo que está a nuestro lado.

Volviendo a The Last of Us, hay una variante del experimento mental que se parece incluso más a lo que ocurre en la serie y la propone la propia Foot en su artículo original: ¿qué ocurriría si un médico solo pudiera salvar a varias personas gravemente enfermas si matara a un individuo y fabricara un suero con su cadáver? ¿Tendría derecho a hacerlo? ¿Estaría incluso obligado a intentarlo?

Los escenarios parecen muy diferentes, pero si miramos solo sus efectos y lo consideramos desde un punto de vista consecuencialista, estamos hablando de lo mismo: matar a una persona para salvar a otras cinco.

La doctrina del doble efecto

El neurocientífico Joshua Greene usó resonancias magnéticas para mostrar que en el primer escenario, el de la palanca, se activan regiones del cerebro asociadas al razonamiento, por lo que nos podemos poner a hacer cálculos (mejor uno que cinco). En cambio, cuando se propone empujar a alguien (o matarlo para fabricar un medicamento) se activan las regiones relacionadas con la emoción, y nos resulta más difícil echar cuentas.

Es decir, no tenemos tanto problema con las consecuencias de una acción en apariencia inocente, como accionar una palanca, y nos cuesta bastante más hacer daño directamente. Según Greene, que consideremos permisible el primer escenario y no el segundo no significa que esta evaluación sea correcta. Del “es” no se deduce necesariamente el “debe ser”, como ya escribió David Hume hace tres siglos. Hay que explicar esta diferencia y ver si nuestras intuiciones morales son o no acertadas. Puede ser que ambos casos estén igual de bien o igual de mal.

Pe... Pero... Pero si es lo mismo que accionar una palanca..


En su artículo, Foot habla de la doctrina del doble efecto de santo Tomás de Aquino, que da importancia a la intención. Por ejemplo, matar en defensa propia es moralmente aceptable: nuestro objetivo no es matar a nadie, sino salvar nuestra vida, y la muerte de otra persona es una consecuencia que no buscábamos.

Para Foot, la doctrina de Aquino es imperfecta: tenemos deberes positivos, como ayudar a los demás, y deberes negativos, como no interferir en las vidas ajenas. Nuestro deber positivo de salvar cinco vidas está en conflicto (y para muchos superado) por el deber negativo de no hacer daño a otra persona. Al fin y al cabo, nadie le ha preguntado al trabajador solitario si quiere presentarse voluntario para salvar cinco vidas.

Y esta es una clave que a menudo se olvida en el escenario del tranvía: la voluntariedad. Como dice Thomson, cuando opinamos que activar la palanca está bien es como robarle la cartera a otra persona para hacer un donativo a una ONG. De hecho, la respuesta al escenario del tranvía es diferente cuando sugerimos que al activar la palanca, el tranvía nos arrollará a nosotros para salvar a otras cinco personas y no a otro tipo del que no sabemos nada.

Volviendo a The Last of Us, el médico no pregunta a Ellie, que además es menor, si quiere prestarse voluntaria a un tratamiento experimental, sin garantías de éxito y que acabará con su vida. Si Ellie fuera mayor de edad no solo debería estar informada de todo, sino que además tendría derecho a no someterse a esa operación a cambio de (quizá) salvar a la humanidad, igual que el trabajador de la vía podría negarse a que accionáramos la palanca. Dar nuestra vida por los demás es un acto supererogatorio, es decir, que va más allá de nuestro deber ético. Está muy bien ser un héroe, pero no estamos obligados a ello.

¿Y Joel hace lo correcto? Ellie es menor y él es lo más parecido que ella tiene a un padre, así que creo que Joel puede tomar esta decisión por ella, incluso sin llegar a contarle toda la verdad.

Lo de cargarse a quince o veinte personas para salvar a la niña igual ya no está tan bien. Pero, en fin, si lo hubiera resuelto gracias a un debate ético, su actitud habría sido irreprochable, pero el capítulo habría sido aburridísimo.

Lo uno por lo otro.

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