¿Por qué no saltas de la cima, Sísifo?
Sísifo, fundador y rey de Éfira (Corinto),
fue un tirano castigado a pasar la eternidad empujando una enorme piedra
montaña arriba. Justo antes de llegar a la cima, la roca caía montaña abajo y
Sísifo tenía que volver a comenzar de nuevo.
Este castigo se ha visto como metáfora de
cualquier tarea rutinaria y sin sentido, de estas que no acaban nunca y que
repetimos cada día sin que veamos progresos significativos. Como, por ejemplo,
ir a la oficina o a la redacción cada día de nueve a seis.
Camus va más allá y se pone bastante
dramático nada más empezar su ensayo, El mito de Sísifo: “No hay sino un
problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no
la pena de ser vivida equivale a responder la cuestión fundamental de la
filosofía”.
El filósofo apunta que en nuestro día a
día no nos detenemos a pensar en el sentido de la vida. Vamos con el piloto
automático en el atasco, en la oficina, en el súper y cuando vemos nuestras
series favoritas. Hasta que algo hace que nos paremos y nos preguntemos por el
sentido de todo eso, si sirve para algo. Esa pausa para la reflexión puede
venir de una muerte cercana, un accidente, una enfermedad, un despido… Pero no
hace falta que sea algo trágico: Camus plantea que Sísifo se hace estas
preguntas y piensa en su “miserable condición” cuando baja la colina tras la
roca, como si nosotros nos las hiciéramos volviendo a casa en el autobús.
¿Por qué volver a empujar la piedra si
está claro que no va a poder dejarla arriba en perfecto equilibrio? Ante la
pregunta por el sentido de la existencia, Camus niega la validez de cualquier
explicación, ya sea religiosa, científica o filosófica. De hecho, él cree que
la vida es absurda y que ese absurdo es el resultado de unir nuestra necesidad
de plantearnos preguntas fundamentales y la imposibilidad de llegar a
respuestas.
Para este escritor existencialista (aunque
el prefería "absurdista") hay tres posibles salidas:
- El suicidio. Matarse es
“confesar que la vida nos supera o que no la entendemos”. Supone
reconocer, “aunque sea instintivamente”, “la ausencia de toda razón
profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la
inutilidad del sufrimiento”.
- El suicidio metafórico en forma
de aceptación de consuelo religioso, que mata una parte de nosotros, la
que debe mirar de frente a la vida.
- Y la aceptación e integración
de lo absurdo en nuestra vida.
Esta última es la opción que defiende en
su libro: entender que el mundo es absurdo y que nuestra existencia también lo
es. La respuesta a la falta de sentido consiste en vivir con integridad, con
pleno conocimiento de lo que hay y en rebeldía: “No hay espectáculo más hermoso
para un hombre sin anteojeras que el de la inteligencia enfrentada a una
realidad que la supera”.
El gozo de Sísifo (y el nuestro) está en
que “su destino le pertenece” y en que es “dueño de sus días". Y lo es
gracias a entregarse al absurdo: "En ese instante sutil en el que el
hombre se vuelve sobre su vida, Sísifo, regresando hacia su roca, contempla esa
serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él,
unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado con su muerte”.
Y cierra: “La lucha por llegar a las
cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo
feliz”.
¿Qué
es el heroísmo? ¿Y tú me lo preguntas?
Las ideas de Camus están entre las de
Søren Kierkegaard, precursor del existencialismo, y las de sus compañeros (y
adversarios a ratos) Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Como recuerda Sarah
Bakewell en El café de los existencialistas,
Kierkegaard explicaba el absurdo con el relato de Dios pidiéndole a Abraham que
sacrifique a su hijo Isaac. “Esta historia demuestra que debemos hacer esa
especie de salto imposible para continuar con la vida después de que se nos
hayan revelado sus deficiencias”. Eso sí, en el caso de este filósofo danés, la
fe y Dios son una respuesta a la angustia por el sentido de la vida. Sartre y
De Beauvoir también parten de esa angustia, de esa náusea, pero para ellos la
vida no es absurda, sino que puede llenarse de sentido mediante el compromiso
con el mundo.
En realidad, también hay compromiso en la
vida y la obra de Camus, aunque teñida de absurdo y de impotencia. Podemos
recordar lo que dice el doctor Rieux en su novela La peste.
Orán está cerrada por una epidemia y el doctor es uno de los que hace lo que
puede por ayudar a sus pacientes, en un libro que se ha leído como un relato de
la resistencia ante la ocupación nazi de Francia, de la que Camus formó parte.
“No se trata de heroísmo —dice Rieux—. Se
trata solamente de honestidad. Es una idea que puede que le haga reír, pero el
único medio de luchar con la peste es la honestidad”. ¿Y qué es la honestidad?,
le pregunta Rambert. “No sé qué es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es
más que hacer mi oficio”.
JAIME RUBIO HANCOCK ... MIÉRCOLES, 8 DE FEBRERO DE 2023
Jaime Rubio Hancock Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO).

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