jueves, 9 de febrero de 2023

SENTIDO DE LA VIDA

 

¿Por qué no saltas de la cima, Sísifo?

¿Es Sísifo feliz porque cada día que pasa está más cachas?

Sísifo, fundador y rey de Éfira (Corinto), fue un tirano castigado a pasar la eternidad empujando una enorme piedra montaña arriba. Justo antes de llegar a la cima, la roca caía montaña abajo y Sísifo tenía que volver a comenzar de nuevo.

Este castigo se ha visto como metáfora de cualquier tarea rutinaria y sin sentido, de estas que no acaban nunca y que repetimos cada día sin que veamos progresos significativos. Como, por ejemplo, ir a la oficina o a la redacción cada día de nueve a seis.

Camus va más allá y se pone bastante dramático nada más empezar su ensayo, El mito de Sísifo:No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder la cuestión fundamental de la filosofía”.

El filósofo apunta que en nuestro día a día no nos detenemos a pensar en el sentido de la vida. Vamos con el piloto automático en el atasco, en la oficina, en el súper y cuando vemos nuestras series favoritas. Hasta que algo hace que nos paremos y nos preguntemos por el sentido de todo eso, si sirve para algo. Esa pausa para la reflexión puede venir de una muerte cercana, un accidente, una enfermedad, un despido… Pero no hace falta que sea algo trágico: Camus plantea que Sísifo se hace estas preguntas y piensa en su “miserable condición” cuando baja la colina tras la roca, como si nosotros nos las hiciéramos volviendo a casa en el autobús.

¿Por qué volver a empujar la piedra si está claro que no va a poder dejarla arriba en perfecto equilibrio? Ante la pregunta por el sentido de la existencia, Camus niega la validez de cualquier explicación, ya sea religiosa, científica o filosófica. De hecho, él cree que la vida es absurda y que ese absurdo es el resultado de unir nuestra necesidad de plantearnos preguntas fundamentales y la imposibilidad de llegar a respuestas.

Para este escritor existencialista (aunque el prefería "absurdista") hay tres posibles salidas:

  • El suicidio. Matarse es “confesar que la vida nos supera o que no la entendemos”. Supone reconocer, “aunque sea instintivamente”, “la ausencia de toda razón profunda para vivir, el carácter insensato de esa agitación cotidiana y la inutilidad del sufrimiento”.
  • El suicidio metafórico en forma de aceptación de consuelo religioso, que mata una parte de nosotros, la que debe mirar de frente a la vida.
  • Y la aceptación e integración de lo absurdo en nuestra vida.

Esta última es la opción que defiende en su libro: entender que el mundo es absurdo y que nuestra existencia también lo es. La respuesta a la falta de sentido consiste en vivir con integridad, con pleno conocimiento de lo que hay y en rebeldía: “No hay espectáculo más hermoso para un hombre sin anteojeras que el de la inteligencia enfrentada a una realidad que la supera”.

El gozo de Sísifo (y el nuestro) está en que “su destino le pertenece” y en que es “dueño de sus días". Y lo es gracias a entregarse al absurdo: "En ese instante sutil en el que el hombre se vuelve sobre su vida, Sísifo, regresando hacia su roca, contempla esa serie de actos desvinculados que se convierte en su destino, creado por él, unido bajo la mirada de su memoria y pronto sellado con su muerte”.

Y cierra: “La lucha por llegar a las cumbres basta para llenar un corazón de hombre. Hay que imaginarse a Sísifo feliz”.

¿Qué es el heroísmo? ¿Y tú me lo preguntas?

Las ideas de Camus están entre las de Søren Kierkegaard, precursor del existencialismo, y las de sus compañeros (y adversarios a ratos) Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Como recuerda Sarah Bakewell en El café de los existencialistas, Kierkegaard explicaba el absurdo con el relato de Dios pidiéndole a Abraham que sacrifique a su hijo Isaac. “Esta historia demuestra que debemos hacer esa especie de salto imposible para continuar con la vida después de que se nos hayan revelado sus deficiencias”. Eso sí, en el caso de este filósofo danés, la fe y Dios son una respuesta a la angustia por el sentido de la vida. Sartre y De Beauvoir también parten de esa angustia, de esa náusea, pero para ellos la vida no es absurda, sino que puede llenarse de sentido mediante el compromiso con el mundo.

En realidad, también hay compromiso en la vida y la obra de Camus, aunque teñida de absurdo y de impotencia. Podemos recordar lo que dice el doctor Rieux en su novela La peste. Orán está cerrada por una epidemia y el doctor es uno de los que hace lo que puede por ayudar a sus pacientes, en un libro que se ha leído como un relato de la resistencia ante la ocupación nazi de Francia, de la que Camus formó parte.

“No se trata de heroísmo —dice Rieux—. Se trata solamente de honestidad. Es una idea que puede que le haga reír, pero el único medio de luchar con la peste es la honestidad”. ¿Y qué es la honestidad?, le pregunta Rambert. “No sé qué es, en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio”.

JAIME RUBIO HANCOCK ... MIÉRCOLES, 8 DE FEBRERO DE 2023

Jaime Rubio Hancock Es el editor de boletines de EL PAÍS y columnista en 'Anatomía de Twitter'. Antes pasó por Verne, donde escribió sobre redes sociales, filosofía y humor, entre otros temas. Estudió Periodismo en la UAB y Humanidades en la UOC. Es autor del ensayo '¿Está bien pegar a un nazi?' (Libros del KO).

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